Túnez: Huelgas generales, grandes luchas y estancamiento económico

Marzouki, presidente de la república, teme una “nueva revolución”

A principios de mayo, el nuevo presidente de Túnez, Moncef Marzouki, decidió una nueva extensión, por un periodo de tres meses, del estado de emergencia que estableció Ben Ali el 14 de enero del año pasado, justo antes de que se viera obligado a dejar el país. Parte de la explicación de una decisión como ésta puede encontrarse en una entrevista con Marzouki en el canal de televisión catarí Al Jazeera, en la que el presidente confesó que tenía “pesadillas” sobre “otra revolución”.

Creciente represión de estado

La represión atroz que utilizó la policía, ayudada por milicias civiles, contra los manifestantes pacíficos el 7 y 9 de abril en el centro de la capital (ver http://www.mundosocialista.net/doc/858) demostró que la ‘troika’, la coalición tripartita actualmente en el poder, está dispuesta a refrendar los peores métodos de la dictadura de Ben Ali para intimidar a la oposición, y para reforzar su poder contra aquellos que quieren completar lo que es, en efecto, una revolución inacabada.

Un reciente informe del Sindicato Nacional de Periodistas Tunecinos afirma que el número de ataques a periodistas es “asombroso, y nunca ha alcanzado este grado durante el régimen dictatorial de Ben Ali”. El nombramiento en enero de varios ayudantes del anterior régimen a la cabeza de los medios de comunicación públicos muestra que el partido líder de la coalición, Ennahda, asistido por sus compañeros de gobierno en una coalición flexible, marcha lenta pero decididamente hacia una nueva dictadura. Éste también es el caso de las leyes represivas heredadas directamente del régimen de Ben Ali, como mostró la sentencia a 7 años y medio de prisión a dos jóvenes tunecinos por publicar material “que tiene el potencial de minar el orden y la moralidad pública”. La primera preocupación del nuevo régimen, aunque no declarada, es la de volver a un clima lo suficientemente atractivo como para que las compañías privadas tunecinas y extranjeras puedan obtener beneficios de la continua explotación de los trabajadores tunecinos. Sin embargo, no parecen capaces de conseguir por el momento lo que desean.

Una serie de huelgas generales locales

De hecho, en el frente social, la situación está dominada por una sucesión de huelgas, sentadas y, a veces, disturbios y choques violentos con la policía, particularmente en las regiones pobres y rebeldes del interior del país. La inflación está subiendo (los precios de venta de los alimentos casi se han doblado en un año) y la tasa de desempleo se ha disparado. Por lo tanto, no pasa un día sin que no se dé un conflicto social en alguna parte. Incluso el Ministro de Interior sugiere una media de “10 sentadas al día”.

Una característica particular de la situación actual es la multiplicación de huelgas generales locales, que recientemente han explotado una tras otra. El 24 de abril, los habitantes de la ciudad de Tataouin (en el extremo sur) organizaron una huelga general de un día que paralizó toda la actividad económica. El 4 de mayo, los residentes de la ciudad meridional de Kebili obligaron al gobierno local a dejar su oficina, y pidieron al Secretario General de la UGTT (principal central sindical de Túnez) que organizara una huelga general para protestar contra la marginación social de su región. El 7 de mayo, la gente de Shaline, en la gobernación de Monastir, inició una huelga indefinida. Al día siguiente, después de una semana de protestas, la gente de Feriana, en la región de Kasserine, en el oeste, decidieron realizar una huelga general. Reclamaban su derecho al trabajo y también el desarrollo de la economía. Paralizaron todas las instituciones privadas y públicas de la ciudad. El 12 de mayo, fue el turno de Sidi Amor Bouhajla, en la región de Kairoudan, en el centro del país, para poner en práctica la misma protesta. La UGTT local de Médenine, en el sur, ha declarado también su intención de organizar una huelga general para el 22 de mayo.

En algunas partes del país, un ánimo de semi-insurrección domina la situación. Este es el caso de la región minera de Gafsa, y la especialmente combativa ciudad de Redeyef, que también fue sacudida por una huelga general el 8 de mayo. En la épica revuelta que tuvo lugar en la región en 2008, el acreditado líder sindical del área, Adnane Hajji, fue encarcelado y torturado por sus actividades militantes. Ahora, ha advertido al gobierno central que habrá nuevos levantamientos y una enorme desobediencia civil si no se responde a sus demandas sociales antes de final de mes.

La ‘ley de finanzas complementarias’

En estas condiciones, el gobierno juega a dar “una de cal y otra de arena”. Por una parte, presiona para terminar con las luchas y reunir los requisitos de la clase capitalista de ‘estabilidad’. También está ansioso, por otra parte, por evitar una reacción masiva e incontrolable de los trabajadores y los pobres, cansados de promesas rotas y por la falta de cambio en sus vidas diarias.

Pero el nuevo presupuesto complementario (llamado ‘ley de finanzas complementarias’) que se aprobó hace algunos días en la Asamblea Nacional Constituyente, revela claramente que el nuevo gobierno no tiene nada serio que ofrecer para resolver problemas sociales candentes, particularmente aquellos que están golpeando las regiones que ha dado más sacrificios y mártires a la revolución.

El gobierno intentando encandilar a los inversores privados mientras continúa las mismas recetas neo-liberales que han llevado al pueblo tunecino a un empobrecimiento constante, a un desempleo juvenil estructural enorme, y a una deficiencia crónica de servicios básicos en las regiones interiores, donde algunas poblaciones aún no tienen acceso al suministro de agua o de electricidad.

Por supuesto, el presupuesto adoptado incluye algunos gestos para intentar desactivar la bomba social. Pero para alcanzar este objetivo sin tocar el dominio del capitalismo sobre la economía es casi una misión imposible, y más en un contexto nacional e internacional de recesión. En realidad, estas medidas sociales son mínimas comparadas con las verdaderas necesidades – 100 millones de dinares para crear nuevos empleos, al menos 25.000 en el sector público, y otros 100 millones de dinares para vivienda social.

1,2 miles de millones de dinares del presupuesto vendrán de la privatización de empresas que eran anteriormente la propiedad del círculo de Ben Ali y que fueron subsiguientemente tomados por el estado. Esta cínica operación no solamente entrega al sector privado la propiedad del pueblo tunecino, que fue robada por la dictadura, sino que también agravará aún más el déficit a largo plazo al disminuir los ingresos del estado. En lugar de devolver 217 empresas privatizadas bajo el poder de Ben Ali a manos públicas, y utilizarlas para el beneficio de la población y la reconstrucción del país, los nuevos gobernantes solamente cambian una banda de depredadores por otra.

Además, el escenario creado por el presupuesto, con la perspectiva de crear nuevos empleos, está basado en un crecimiento del PIB del 3,5% este año. ¡Esto es completa ciencia ficción! La economía de Túnez está en recesión técnica – con cuatro cuartos consecutivos de crecimiento negativo – y el 80% de sus intercambios comerciales los hace con el continente europeo, golpeado por un cataclismo económico sin precedentes.

Crisis política

Ennahda ya ha perdido gran parte de su apoyo. El resultado que este partido obtuvo en las elecciones del año pasado ya es un recuerdo lejano. En una reciente encuesta de opinión, el 86% de la gente pensaba que el gobierno ha fallado en cómo abordar el problema del empleo, mientras que el 90% consideraba lo mismo en cuanto a la subida de precios. Sus dos aliados, el “Congreso por la República” (CPR) y Ettakatol, están pasando por crisis internas sin precedentes y han perdido muchos miembros. El CPR prácticamente se ha dividido en dos partidos diferentes.

Enfrentados a esta profunda erosión del apoyo al gobierno, se están dando muchos realineamientos políticos en la oposición. Dentro de este contexto, el anteriormente Primer Ministro provisional (y ex torturador) Caid Essebsi ha encabezado el ascenso de un nuevo polo de atracción. Él desea ser el representante de una gran ‘coalición de partidos de centro’, en el cual son prominentes los ex “RCDistas” (N.T.: RCD es el antiguo partido de Ben Ali, ya disuelto) junto con ‘Bourguibistas’, simpatizantes del anterior dictador, Habib Bourguiba, y de su régimen, como lo fue el propio Essebsi.

¡Los mismos que fueron expulsados por la puerta, ahora tratan de volver a entrar por la ventana! Utilizan palabras como “secularismo”, “modernidad”, “amenaza islamista” y “alternancia en el poder” solamente como una cortina de humo para reorganizar a todos aquellos que se beneficiaron durante el régimen anterior. Por esta razón, no tienen una perspectiva clara sobre la ambición de hegemonía que Ennahda ha desarrollado desde la ascensión al poder de este partido.

La vasta mayoría de la población, la clase trabajadora y la juventud, no tienen absolutamente nada que ganar de estos dos polos reaccionarios que están luchando por la dominación del aparato de estado, con un grupo basado en el islamismo, por una parte, y otro grupo liderado por Essebsi, por la otra.

Los salafistas

Añadido a esto, están las interminables provocaciones y acciones violentas organizadas por los grupos salafistas, que generalmente han sido contestadas con una gran “indulgencia” por las nuevas autoridades lideradas por Ennahda y la policía. Esto ocurre porque potencialmente representan un útil contrapeso a las demandas y movilizaciones de la izquierda y los sindicatos.

Estos matones salafistas atrapan mayormente a jóvenes alienados con una versión ultra-reaccionaria del islamismo suní. Esto a veces es simplemente una tapadera ideológica de bandidos y traficantes de todo tipo que explotan la miseria y la desesperación de gente en busca de trabajo, de un puesto de venta callejera o simplemente unos pocos dinares. Su objetivo es el de controlar a esta gente en nombre del orden moral, y atacar a cualquiera que no está de acuerdo con ellos. En El Kabaria, un suburbio obrero del sur de la capital, un grupo de jóvenes salafistas atacaron las oficinas locales del PCOT (Partido Comunista de los Obreros Tunecinos), saqueando el local del partido y atacando físicamente a sus miembros.

¡Huelga General de un día en todo el país!

El nuevo líder de la UGTT, elegido en su congreso del pasado mes de diciembre, está ciertamente más cercano a los activistas de base y a los trabajadores del sindicato que el anterior (lo cual no era muy difícil) y aprueba las acciones huelguistas de sus miembros. Esto ha hecho posible restaurar una cierta dirección a la movilización de carácter masivo del sindicato, como en la manifestación del 1º de Mayo, a la que asistieron unas 30.000 personas o en la manifestación del 25 de febrero, en respuesta a los ataques a sus oficinas (más información, en inglés, en http://www.socialistworld.net/doc/5609).

Sin embargo, el programa y las iniciativas del nuevo equipo a la cabeza del sindicato siguen estando lejos de lo que requiere la situación actual.

Los trabajadores, jóvenes, desempleados, están constantemente mostrando su deseo de luchar por una verdadera transformación social, y evitar que las tendencias contra-revolucionarias consigan dominar la situación. Bajo estas condiciones, el eslogan de ‘unidad nacional’, lanzado por los delegados de la UGTT en la manifestación del 1º de Mayo, y la retórica del Secretario General, Abassi, enfatizando la necesidad de ‘diálogo’ y ‘consenso’, no permiten el esbozo de una perspectiva clara para las batallas a las que se enfrentan la clase trabajadora y las masas populares, sino que los encadena a una ilusión de coexistencia pacífica con sus peores enemigos.

Las iniciativas de tipo de frente unido formado por organizaciones de izquierda y sindicatos deben ser animadas por todos los medios posibles. Una de las tareas más candentes en la situación actual es la construcción de una gran huelga general a escala nacional, para unir todas las batallas locales en un único y poderoso movimiento, y volver a poner bajo el foco las verdaderas demandas de la revolución.

Solamente con una iniciativa audaz se puede restaurar la confianza de las masas en la necesidad de profundizar el movimiento revolucionario, y esbozar las líneas de una lucha revolucionaria seria para terminar con la explotación y la brutalidad capitalista, y establecer una sociedad socialista libre y democrática.

En esta batalla, el CIT lucha por:

La defensa incondicional de las libertades democráticas y los derechos de las mujeres

Una reducción progresiva de la jornada laboral sin pérdida de salario, hasta llegar al pleno empleo

Un gran plan de inversión pública en infraestructuras y servicios públicos, especialmente en las zonas interiores

El repudio del pago de la deuda, heredada del régimen dictatorial

La imposición de una escala móvil de salarios, y la creación de comités de la clase obrera para controlar los precios y acabar con la especulación

La nacionalización, bajo control y gestión de los trabajadores y el pueblo, de todos los bienes y compañías de las familias de los ex dirigentes

Un gobierno de los trabajadores que incluya a la UGTT, basado en comités electos de trabajadores, desempleados, y todas las fuerzas vitales de la revolución

Una economía democráticamente planeada con el objetivo de cubrir las necesidades de la mayoría

La lucha internacional y la solidaridad de los trabajadores para la construcción de un mundo socialista