En 1998 se celebran aniversarios importantes para el movimiento obrero. En mayo celebramos los acontecimientos revolucionarios de mayo-junio de 1968 que fueron testigos de la mayor huelga general de la historia de Francia. En agosto se cumple el 30 aniversario de la intervención stalinista rusa en Checoslovaquia y, en Septiembre será el 60 aniversario de la fundación de Trotsky de la Cuarta Internacional. Pero, sin duda, el aniversario más importante es el del Manifiesto Comunista, escrito por Carlos Marx y Federico Engels entre diciembre de 1847 y enero de 1848 y publicado en febrero/marzo, hace 150 años.

Producto de la genialidad de los jóvenes Marx y Engels (Engels tenía 27 años y Marx 29), el Manifiestodestaca como uno de los más grandes ejemplos de la literatura mundial. Con su brillante resumen de la historia, de la lucha de clases, del papel de la burguesía y el proletariado, marcó la entrada de las ideas del socialismo científico en el escenario de la historia mundial.

Pero el Manifiestono contiene sólo un interés histórico. Sus partes más importantes siguen siendo válidas incluso hoy. En palabras simples, describe las realidades del capitalismo de finales del siglo XX de forma mucho más precisa que los millones de palabras lanzadas diariamente al aire por sus defensores. Sobre todo, es en el método de Marx y Engels, tan claramente elaborado en ese documento, donde han de encontrarse las herramientas para combatir el capitalismo y construir un nuevo mundo socialista.

Obviamente, en un documento escrito hace 150 años hay mucho que se ha quedado anticuado. Sin embargo, descubrimos, no sin asombro, cuánto en el Manifiestodescribe la situación de hoy. Haber hecho esta afirmación a comienzos de esta década habría suscitado el desdén de los representantes del capitalismo. Contra el telón de fondo del colapso del Muro de Berlín, el marxismo, es decir, el socialismo científico, estaba ‘muerto y enterrado’. El colapso de los regímenes stalinistas y, con ellos, de la economía planificada, resultó en un triunfalismo desenfrenado del capitalismo. El Wall Street Journal, órgano de los ignorantes barones financieros norteamericanos, proclamaba: ‘Hemos ganado’, mientras que Thatcher y Reagan, las estrellas gemelas en el firmamento capitalista en esa época, se jactaban de que ‘la lección de los ños 80 es que el socialismo ha fracasado’. Aún así los capitalistas han contado con toda una década desde entonces, sin el obstáculo de la resistencia, al menos de las direcciones del movimiento obrero oficial, para demostrar todo aquello de lo que su sistema es capaz. Pero en este periodo ya hemos visto una profunda rccesión y, conforme finaliza la década, estamos al borde de una nueva, posiblemente se trate incluso de una pequeña depresión económica. Europa del Este y la antigua Unión Soviética que, según se nos dijo, iban a convertirse en un nuevo florecer capitalista, se ha convertido en una tierra baldía a nivel económico y social. La antigua URSS se ha zambullido en un abismo económico, con un colapso económico que sobrepasa al que se dio en EEUU tras la depresión económica de 1929-33. Un hecho denota el precio terrible pagado por los pueblos de esas zonas debido a la restauración del capitalismo; la expectativa de vida de los hombres en Rusia es ahora más baja que en La India. ¿Se necesita hablar de la catástrofe de África y del amenazador colapso económico de Latinoamérica y Asia?

No se trata sólo de marxistas ‘anticuados’ los que buscan en los autores del Manifiestouna explicación sobre el mundo actual. Comentaristas individuales, enfrentados a la desolación y al caos de la sociedad capitalista moderna, están volviendo la vista a Marx. Neil Ascherson, en elIndependentde los domingos, a pesar de su escepticismo sobre Marx, confesaba recientemente que "a pesar de todo, siento un espíritu moverse de nuevo bajo las tablas del suelo... este era el hombre que vio que cada orden social transporta las semillas de su propia destrucción, sobre todo cuando ese orden parece universal e invencible. Ahora es el momento de recordar esa lección".

Un comentarista más perspicaz, John Cassidy, escribiendo en la revista norteamericana The New Yorkerel año pasado (reimprimido en el Independentdel domingo, 7 de diciembre, 1997), trata extensamente de las ideas de Marx. Fue inducido por un amigo banquero a ahondar en los escritos de Marx, incluido el Manifiesto.Para provenir de alguien que libremente confiesa estar sumido en un trasfondo anti-marxista, sus comentarios son reveladores. En una discusión con su amigo banquero, "entre zambullida y zambullida en su piscina", especularon sobre cuánto tiempo más habría de prolongarse el actual ‘boom’ financiero: "Para mi sorpresa, sacó a relucir a Carlos Marx. ‘Contra más tiempo paso en Wall Street, más convencido estoy de que Marx tenía razón’ dijo". Su amigo añadió: "Estoy absolutamente convencido de que el método de Marx es la mejor forma de analizar el capitalismo". Cassidy no recurre a la demagogia e ignorancia de muchos escritores burgueses que vinculan al stalinismo con las ideas de Marx: "El legado de Marx se ha oscurecido por el fracaso del comunismo (el stalinismo -PT)".

En el 90 aniversario del Manifiesto, Leon Trotsky comentaba, refiriéndose a la concepción materialista de la historia de Marx, que había "resistido por completo la prueba de los acontecimientos y los golpes de la crítica hostil. Constituye hoy uno de los instrumentos más valiosos del pensamiento humano. Cualquier otra interpretación del proceso histórico ha perdido toda significación científica. Podemos afirmar con certeza que es imposible en nuestra época ser, no sólo un activista revolucionario, sino incluso un observador político, sin asimilar la interpretación materialista de la historia".

Sesenta años más tarde, John Cassidy llega a la misma conclusión. Refiriéndose a James Carville, el consejero de Clinton que acuñó la frase ‘es la economía, estúpido’, Cassidy afirma que "el término propio de Marx para su teoría era ‘la concepción materialista de la historia’, y es ahora tan ampliamente aceptada que los analistas de todos los puntos de vista políticos la utilizan, como Carville, sin ninguna atribución. Cuando los conservadores afirman que el estado del bienestar está sentenciado porque ahoga la empresa privada, o que la Unión Soviética colapsó porque no podía igualar la eficacia del capitalismo occidental, están adoptando el argumento de Marx de que la economía constituye la fuerza motriz del desarrollo humano". Continúa explicando que Marx "escribió pasajes fascinantes sobre la globalización, la desigualdad, la corrupción política, la monopolización, el progreso técnico, el declive de la alta cultura, y la naturaleza débil de la existencia moderna -temas que los economistas están confrontando ahora de nuevo, a veces sin darse cuenta de que caminan sobre las huellas de Marx.

Un Mercado Único Mundial

Marx y Engels demostraron que el desarrollo del capitalismo caminaba junto a la creación del mercado mundial que hacía confluir el mundo en un único todo inter-dependiente. En el proceso, los capitalistas creaban a sus propios ‘enterradores’ en forma de la clase obrera. Esta clase no quedaba restringida a un país, sino que se desarrollaba a escala mundial. Partiendo de estas ideas Marx y Engels desarrollaron la idea del socialismo y del internacionalismo obrero. Los estibadores de Liverpool, los camioneros franceses, los conductores de autobuses de Dinamarca y de Bangladesh, aspirando a extender sus luchas a escala mundial y continental, todos descansan sobre los hombros de los autores del Manifiesto.

Las tendencias que Marx trazaba en el Manifiestohan sido llevadas a un nivel que no podía haberse anticipado. Marx se refería a la concentración creciente de capital, pero sólo en su obra monumental, El Capital, demostró cómo la libre competencia tendía hacia el monopolio. Desde la época de Marx, y particularmente en la era de la globalización, el crecimiento y el poder de los monopolios es transparentemente obvio. Se estima que 150 compañías gigantescas -monopolios- dominan el 80-85% de la economía británica. Diane Coyle, corresponsal económico de The Independent, daba recientemente cifras asombrosas que demostraban que " de las 100 entidades económicas mayores del mundo, 51 de ellas son corporaciones (monopolios -PT) en tan sólo 49 países" (22 de enero, 1998).

John Cassidy cita, en señal de aprobación, a Marx: "Las creaciones intelectuales de naciones individuales se convierten en propiedad común ... la unilateralidad nacional y la estrechez de miras son cada vez más imposibles y, de la numerosa literatura nacional y local, surge una literatura mundial". Añade: "La ‘globalización’ es la palabra de moda de finales del siglo XX, en labios de todos, desde Jiang Zemin hasta Tony Blair, pero Marx predijo la mayoría de sus ramificaciones hace 150 años. El capitalismo está ahora bien encaminado a transformar el mundo en un mercado único, con los países de Europa, Asia y las Américas desarrollándose en tres bloques comerciales rivales dentro de ese mercado".

El capitalismo se desarrolló de forma contradictoria. Por un lado, el desarrollo del estado nacional en Europa en el siglo XIX, por ejemplo, fue un marco necesario en la génesis y florecimiento del capitalismo para el desarrollo de las fuerzas productivas, la ciencia, la técnica y la organización del trabajo. Pero el poder creciente de las fuerzas productivas ha sobrepasado los estrechos límites del estado nacional, y también de la propiedad privada. Gigantescas multinacionales consideran todo el planeta como su mercado, aunque todavía estén basadas dentro de un marco nacional. A la vez, los capitalistas están divididos en bloques regionales y nacionales separados rivales. La idea de que la globalización eliminaría el estado nacional, en Europa o en cualquier otra parte, es utópica. Lenin y Trotsky, basándose en el análisis de Marx, demostraron que esto era imposible en base al capitalismo.

En los años 80 y 90, la idea de que el mercado mundial, mediante la globalización, podía transcender por encima de las fronteras nacionales parecía cobrar fuerza. Se dio un desarrollo enorme, virtualmente libre, del capital financiero en particular, que pasó de un continente a otro, con gobiernos aparentemente impotentes para intervenir. Pero Socialism Today ha subrayado consistentemente las limitaciones de este proceso. Una recesión o depresión económica severa resultaría inevitablemente en la introducción de medidas proteccionistas por parte de los distintos capitalistas nacionales, probablemente a nivel regional a través de los distintos bloques.

Ahora John Cassidy señala que los propios expertos capitalistas están comenzando a sacar la misma conclusión: "Incluso los economistas que tradicionalmente han sido los mayores defensores de la globalización (bajo el argumento de que crea más ganadores que perdedores),empiezan ahora a pensar dos veces sobre su impacto. Los críticos contemporáneos tienden a utilizar un lenguaje más seco que el de Marx, pero el mensaje es similar". Continúa citando a un crítico: "La integración nacional de los mercados para los productos, servicios y capital, está presionando a las sociedades a alterar sus prácticas tradicionales y, a cambio, amplios sectores de esas sociedades están abriendo una lucha". Esto proviene de Dani Rodrik, un economista de Harvard, en un libro publicado en 1997 titulado ¿Ha Ido la Globalización Demasiado Lejos?Rodrik señaló que el trabajo infantil, el evitar el pagar el impuesto sobre la renta empresarial, el cierre de fábricas americanas son rasgos todos de la globalización. No mencionó a Marx directamente -las citas de su obra no son buenas para los proyectos de ascenso de un economista del Ivy League-pero concluyó con que el fracaso para satisfacer el desafío de la globalización podría llevar a la ‘desintegración social’.

Sin duda, Marx y Engels cometieron un error en su prognosis sobre la inminencia de una revolución cuando escribieron el Manifiesto. También sobreestimaron la preparación de la clase obrera para derrocar el capitalismo y establecer el socialismo en esa época. Marx mantenía que ningún sistema social abandonaba la arena de la historia antes de agotar todas sus posibilidades. En el Manifiestoataca al capitalismo por retardar el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero en esa época, este retardo era sólo relativo en su naturaleza. Sin duda, si la clase trabajadora hubiera tomado el poder en la segunda parte del siglo XIX, la industria y la sociedad se habrían desarrollado a un ritmo mucho mayor de lo que lo hizo. No obstante, el capitalismo sí desarrolló las fuerzas productivas a escala mundial. En otras palabras, en ese periodo, el capitalismo era relativamente reaccionario.

El capitalismo se hizo absolutamente reaccionario sólo con el comienzo de la I Guerra Mundial, cuando se hizo patente que las fuerzas productivas habían sobrepasado por completo los estrechos límites de la propiedad privada, por un lado, y del estado nacional, por otro. Sólo entonces el capitalismo sí se convirtió en un obstáculo absoluto para la plena utilización del potencial de las fuerzas productivas. Esto se reflejó en el periodo que siguió a la I Guerra Mundial. Los auges económicos eran más débiles y más anémicos que antes de 1914, y se daban recesiones más profundas y un estancamiento económico prolongado. Es cierto que el capitalismo experimentó un espectacular crecimiento estructural de la producción entre 1950-73. Este periodo único y especial en el desarrollo del capitalismo surgió de la destrucción de la II Guerra Mundial, la destrucción del valor, tanto del capital constante como de la destrucción literal del capital variable -es decir, la clase obrera- combinado con otros factores: la utilización de la tecnología,, que estaba en barbecho antes de entonces, y la fuerza y poder económico del capitalismo norteamericano.

El fin de este auge prolongado significó que el capitalismo mundial había entrado en una fase depresiva. El auge económico de los años 80 parecía contradecir, superficialmente, esto, pero ésta era una apreciación parcial; la posición relativa de la clase obrera declinó, como lo hicieron los niveles de vida de los pueblos de África, Latinoamérica y grandes partes de Asia. Los índices de crecimiento de los años 80 eran muy inferiores, como lo era el índice de reinversión industrial, al de los años del crecimiento económico de 1950-73.

Pero la tendencia hacia la globalización, particularmente en los años 90, ha ‘internacionalizado’, acelerado y sincronizado enormemente los procesos económicos por toda la economía mundial. La burguesía internacional, particularmente en EE.UU y Europa, intentaba fingir al principio que la crisis económica de Asia era una "pequeña dificultad local". Viene a la mente la frase de Trotsky "Deslizándose en tobogán hacia el desastre con los ojos cerrados". Ahora quieren pretender que el ‘virus’ económico de Asia quedará restringido a esa parte del mundo. Verdaderamente, en la reciente cumbre de Davos, Suiza, cuando un ministro japonés de finanzas señaló correctamente que lo que el capitalismo afrontaba no era una crisis asiática sino una crisis mundial, fue virtualmente acallado con gritos. Pero los economistas y comentaristas más serios de la burguesía, como Robert Reich, antiguo secretario de empleo en la administración Clinton, ha apuntado hacia los efectos inevitables del desmoronamiento asiático sobre Europa, Japón y Estados Unidos.

La Burguesía y la Clase Obrera

Una de las ideas de Marx, elaboradas en el Manifiesto,que ha sido objeto de una distorsión maliciosa y de ataques constantes por los políticos burgueses y socialdemócratas por igual, es la llamada ‘teoría de la miseria creciente’. Marx no anticipó esa idea. Era bien consciente de que existían periodos donde la clase obrera era capaz de extraer concesiones, concesiones importantes, de los capitalistas. Pero incluso en estos periodos, las apariencias superficiales disfrazaban el hecho de que, a menudo, la parte del ingreso nacional de la clase obrera decaía en realidad. En otras palabras, se daba un declive relativo de los niveles de vida de las masas. Incluso durante el espectacular auge económico estructural de 1950-73, cuando los niveles de vida absolutos de la clase obrera crecieron sustancialmente en el mundo industrial avanzado, no pasaba lo mismo en el mundo colonial y antiguo mundo colonial, donde se concentran dos terceras partes de la humanidad. Pero incluso durante el cacareado reciente ‘boom’ económico de EE.UU, que aún parece tener potencia, los niveles de vida reales de la clase obrera se han estancado durante las últimas dos décadas. Sólo teniendo dos o tres empleos ha podido la clase obrera, o al menos sectores de ella, mantener la cabeza fuera del agua.

John Cassidy también demuestra que en los Estados Unidos, "entre 1980 y 1996, la proporción de ingreso doméstico total que iba al 5% de las familias más ricas creció del 15.3% al 20.3%, mientras que la proporción de ingreso que iba al 60% de las familias más pobres cayó del 34.2% al 30%". Cassidy da cifras similares para el Reino Unido, donde el 10% más pobre de la población entre 1979-94 vio una caída de sus ingresos de un 13%. Lo mismo podría decirse sobre la creciente desigualdad a escala mundial. La pobreza, la enfermedad y el declive de los niveles educativos destroza las vidas de una proporción cada vez mayor de pueblos del antiguo mundo colonial y semi-colonial. La malnutrición, que implica que hay gente que no tiene lo suficiente para vivir, es responsable, en las palabras asépticas del Finantial Times "de más de seis millones de muertes anuales de niños menores de cinco años, de más de la mitad de las muertes infantiles, y deja a millones de supervivientes raquíticos física e intelectualmente". Crece el abismo entre ricos y pobres y es mayor que en ninguna otra época desde el siglo XIX, más alto que en la época de la revolución industrial. En 1878, el director de una gran compañía norteamericana ganaba unas 60 veces el salario de un obrero típico; en 1995 se llevaba a casa unas 170 veces esa cifra.

Ante esto uno podría decir que las predicciones de Marx, cuando se aplican a la clase obrera bajo el capitalismo, eran excesivamente modestas. En verdad, comenta John Cassidy: "Estas cifras sugieren que una de las ideas más controvertidas de Marx, la ‘teoría de la miseria’, podría estar volviendo a la escena". También coincide con el análisis de Marx sobre el papel vital de ‘ejército de reserva’ de los parados en el mecanismo del capitalismo. Marx señaló: "Contra mayor es la riqueza social,.. Mayor es el ejército de reserva industrial ... Mayor es la población excedente consolidada ... mayor es la pobreza oficial. Esa es la ley general absoluta de la acumulación capitalista". El ‘ejército de reserva’ de Marx implicaba que los trabajadores se mueven dentro y fuera de la producción. Pero ahora existe un ejército permanente de parados, con un desempleo estructural de masas por todo el capitalismo mundial. Un tercio de la fuerza laboral mundial, según la Organización Internacional del Trabajo, se encuentra o bien desempleada o subempleada en el momento actual. Hay más de 20 millones de parados en Europa. En los Estados Unidos, no obstante, el desempleo se sitúa oficialmente en su nivel más bajo durante 24 años, y aún así esto alarma a los capitalistas. Un bajo nivel de desempleo es uno de los factores que ha provocado la reciente pequeña subida salarial. Esto subraya el papel vital jugado por el ejército de reserva bajo el capitalismo para mantener bajos los salarios de la clase obrera.

En algunas otras predicciones del Manifiesto, los autores no acertaron por completo. Basándose en el ejemplo del capitalismo británico en el siglo XIX, con el crecimiento colosal del proletariado, Marx y Engels fueron demasiado optimistas sobre la desaparición de las capas intermedias, las capas medias. Enfatizaron la proletarización de la sociedad en sólo dos grandes clases, la burguesía, por un lado, y la clase obrera, por otro. Pero como León Trotsky señaló "El capitalismo ha arruinado a la pequeña burguesía a un nivel mucho más rápido de lo que la ha proletarizado. Además, el estado burgués ha dirigido desde hace tiempo su política consciente hacia el mantenimiento artificial de los estratos burgueses". En Francia, por ejemplo, horrorizados por el ejemplo de la Comuna de París, la clase dominante contuvo deliberadamente el desarrollo de la industria y, por lo tanto, de la clase obrera, prefiriendo basarse en la explotación de sus colonias, en el capital de renta, más que en el desarrollo del capital industrial. Sólo bajo de Gaulle en los años 60, y su programa de industrialización rápida, se debilitó la pequeña burguesía, particularmente el campesinado. Es verdad que existe una ‘nueva clase media’ de técnicos, administradores, etc. Pero no tienen la misma independencia que la clase media de antaño -pequeños comerciantes, pequeños negocios etc. Mediante el proceso de concentración y centralización del capital, descrito hace 150 años por Marx, las viejas clases medias se han debilitado drásticamente. La ‘nueva clase media’ depende mucho más directamente de los capitalistas, como empleados bien remunerados, etc. Muchos de ellos, en el corazón de la bestia, ven el caos, la mala gestión y el derroche del sistema, por no decir su corrupción y carácter inhumano.

Estas capas medias constituyen aliados potenciales de la clase obrera y del movimiento obrero. Después de todo, uno de los factores en la victoria electoral de Blair fue el giro masivo de la ‘Inglaterra Media’ contra el capitalismo thatcherista. Ahora, el Nuevo Laborismo, debido a sus ataques a la educación y a los padres solteros, está rápidamente repeliendo a estas capas sociales a las que cortejaban asiduamente antes de las elecciones. Y, como The Observercomentaba recientemente, por el momento continúan estando radicalizadas pero contra un gobierno al que llevaron al poder hace tan sólo nueve meses: "Shropshire es tan de Inglaterra Media que aún puedes encontrar gente que piensa que el Daily Mailes un periódico serio. Aún así, el pasado sábado, 4.000 ciudadanos llevaban ataúdes por las calles de Shrewsbury para llorar la muerte de la educación. John Saxbee, Obispo de Ludlow, que no es un izquierdista notorio, parecía un cura rojo de Nicaragua cuando hizo un llamamiento a la multitud para que se ‘levantara en protesta’" (25 de enero, 1998)

Se Trata de Cambiar el Mundo

El Manifiesto Comunistafue concebido por sus autores no sólo como una condena demoledora del capitalismo y una defensa abstracta del socialismo y del comunismo. Sobre todo, era una llamada a la acción en la revolución inminente que Marx y Engels esperaban. Estaba dirigido particularmente a los miembros de la Liga Comunista. Es el llamamiento a una acción revolucionaria, a lo que incluso los comentaristas burgueses más receptivos del Manifiestose oponen o silencian.

Sin duda, Marx y Engels sobreestimaron la posibilidad de una revolución socialista en 1848, y la preparación de la clase obrera para tomar el poder entonces. Se necesitaron acontecimientos, particularmente la Comuna de París, para demostrar que sólo con la creación de un partido revolucionario socialista de masas a la cabeza de la clase obrera podría completarse un cambio social de esa índole. Esto se vio confirmado, además, por la Revolución Rusa, que habría sido imposible sin la existencia de un partido revolucionario de masas en la forma del Partido Bolchevique, y la dirección con visión de futuro de Lenin y Trotsky. La tarea de crear ese partido es incluso más urgente hoy que en ninguna otra época desde que se escribió el Manifiesto.

En el centenario del Manifiesto, en 1948, el Partido Laborista Británico lo reprodujo con una introducción de Harold Laski donde identificaba al partido con los objetivos de sus autores: "Pocos documentos en la historia de la humanidad han resistido tan extraordinariamente la prueba de ser corroborado por el futuro como el Manifiesto Comunista. Esencialmente, tras su publicación, nadie ha sido capaz de contravenir seriamente ninguna de sus posiciones fundamentales. Por todo el mundo, la crisis del capitalismo ha crecido a la vez en frecuencia y en profundidad".

¡Cómo ha girado el Nuevo Laborismo a la derecha desde entonces! Blair y Brown conciben el Manifiesto Comunistacomo el diablo el agua bendita. Han transformado al Partido Laborista de ser un vehículo de la clase obrera en otro partido capitalista. Esto ha planteado la necesidad de crear un nuevo partido de masas de la clase obrera. La nueva generación de trabajadores, jóvenes e intelectuales radicalizados, que construirán sobre sus hombros ese partido, volverá inevitablemente a las generalizaciones maravillosas y brillantes, a las idas cristalinas de Marx y Engels. En lugar de los engaños y las frases nebulosas de los reformistas, de los engaños ‘liberales’, que son ahora la especialidad de la dirección oficial del Nuevo Laborismo, encontrarán claridad. Podrán leer las amplias generalizaciones de Marx que han pasado la prueba del tiempo: ‘La ejecutiva del estado moderno no es sino un comité para administrar los asuntos comunes de toda la burguesía’. ¿No describe esto con precisión a todos los gobiernos de Europa, tanto si se auto-denominan ‘Nuevo Laborismo’, ‘socialista’, ‘liberal’ o ‘conservador’? El estado no constituye un árbitro independiente entre las diferentes clases y grupos en la sociedad, sino un instrumento especial para la opresión de una clase, la clase obrera, por otra, la capitalista, la clase dominante.

El capitalismo no va a abandonar voluntariamente la escena de la historia, meramente porque haya agotado todas las posibilidades latentes dentro de él. Este sistema ya le ha fallado a la humanidad. Sólo con la movilización consciente de la clase obrera, mediante su propio partido de masas independiente, puede eliminarse el enorme obstáculo que representa el capitalismo para un mayor progreso humano. Ese movimiento constituiría una revolución socialista. Las propias acciones de un capitalismo desenfrenado en la actualidad están preparando el terreno para una revuelta de masas de la clase trabajadora. La crisis en Asia ya ha ocasionado la caída de dos gobiernos en Corea y Tailandia. Y no serán los últimos, ya que Suharto, en Indonesia, se enfrenta al derrocamiento.

En Europa, EE.UU y Japón, además, se está preparado el terreno para un enorme cambio en la conciencia de las masas de la clase obrera. Una visión anti-capitalista más generalizada y pronunciada será una consecuencia fundamental de la nueva recesión o depresión que se avecina. Las ideas del socialismo, las ideas del Manifiesto Comunista, volverán a la escena de la historia estrepitosamente. El artículo de John Cassidy sobre Carlos Marx se titula ‘El Nuevo Gran Pensador’. Estamos completamente de acuerdo con esta conclusión. No importa cuán vieja sea una idea o teoría; si es la que describe con más precisión la situación actual que ninguna otra, entonces es la más moderna, la teoría más revolucionaria disponible. Esto es lo que la nueva generación que se lanzará a la lucha va a descubrir. Y no serán sólo los trabajadores los que harán el viaje, como John Cassidy, de pasar a ser defensores del capitalismo a ser admiradores de las ideas de Marx. Se desarrollará una nueva generación de intelectuales socialistas, alentados por el movimiento social y político de la clase obrera a nivel mundial. Sin duda los académicos burgueses intentarán aprisionarlos, como lo han hecho con éxito en el pasado, dentro de un tipo de ‘marxismo’ anémico, que admira las ideas de Marx, al menos las menos amenazadoras, pero que se niega a sacar la conclusión de que la acción debe ser resultado de ellas.

Pero serán muchos entre la nueva capa de trabajadores, jóvenes, mujeres, trabajadores negros e inmigrantes, que volverán a Marx en busca de las armas ideológicas que puedan ayudarles a combatir el capitalismo y crear un nuevo futuro socialista. Una de las tareas e los marxistas y los socialistas hoy es preparar el terreno para ese movimiento presentándole a la nueva generación las ideas maravillosas de los gigantes del socialismo científico, Carlos Marx y Federico Engels. No existe mejor comienzo que aspirar a explicar y popularizar el Manifiesto Comunista.

Committee for a workers' International publications

p128

p248 01

p304 02

imgFooter1