El brutal ataque del ejército israelí sobre la Franja de Gaza, entre el 6 de julio y el 26 de agosto, ha supuesto la muerte de alrededor de 2.100 palestinos, el 80% de ellos civiles y, según las fuentes, hasta 574 niños. Los civiles palestinos no podían estar seguros ni siquiera en escuelas de la ONU, que sirvieron de refugio a miles de personas pero que también fueron bombardeadas. Las cifras de muertes palestinas son claramente desproporcionadas en comparación con los 66 militares y 5 civiles israelíes que también murieron por este conflicto.

Además, la ONU ha señalado que la destrucción de Gaza no tiene precedentes: el 13% de las viviendas en Gaza (18.000) han sido destruidas, dejando a más de un millón de gazatíes sin hogar. Y la destrucción de infraestructura palestina por Israel supone que justo después del alto el fuego solamente un 10% de la población en Gaza contara con agua corriente, y que la electricidad, en la mayoría de las viviendas, sólo funcionara durante parte del día.

La creación de Israel

El estado moderno de Israel fue creado en 1948, cuando los judíos huyeron del holocausto nazi y la persecución, hacia una nueva ‘patria’ en lo que entonces era Palestina.

Cuando la ocupación imperialista británica sobre Palestina terminó y estalló la primera guerra árabe-israelí, los líderes sionistas expulsaron a cientos de miles de palestinos, utilizando métodos brutales paramilitares y ‘terroristas’. Inicialmente el movimiento sionista mantuvo el equilibrio entre el imperialismo occidental y la Unión Soviética estalinista para ayudar a crear Israel. La nueva élite prometió una tierra de ‘leche y miel’ para su pueblo, pero solamente les ha proporcionado décadas de crisis y guerra, y en años recientes, una profunda desigualdad entre ricos y pobres.

Una de las principales razones por las que Israel ha sido capaz de sobrevivir es la enorme ayuda económica y militar que reciben del imperialismo estadounidense, que ve a Israel como su principal estado satélite en una región vital estratégicamente y rica en recursos naturales. EEUU arma y financia Israel con 3.000 millones de dólares al año, lo que la convierte en la cuarta potencia militar del mundo.

Después de una política de ‘integración forzada’ de palestinos bajo la ocupación entre 1967 y finales de los años 1980, la política de Israel giró hacia la ‘separación’ durante la gran Intifada (‘levantamiento’) de 1987-93, cuando la clase dirigente se dio cuenta de que no podía seguir gobernando de la misma manera.

Desde la firma de los Acuerdos de Oslo, que vio la creación de la Autoridad Palestina bajo el dominio (dócil) de Fatah, Israel apretó los tornillos a Gaza, especialmente durante la segunda Intifada de 2000-2005 y la llegada al poder de Hamás en 2006. Los sucesivos gobiernos israelíes y poderes occidentales intentaron derrocar a Hamás. La Franja de Gaza, la prisión al aire libre más grande del mundo, fue efectivamente sellada.

Israel ha alentado las rupturas entre Fatah y Hamás. Sus enormes asaltos militares a la Franja de Gaza de 2008-9 y 2012 tenían como objetivo el debilitamiento de Hamás y el fortalecimiento del poder israelí. El actual asalto de Israel, que comenzó el 6 de julio, tiene el mismo objetivo, además de destruir los intentos de Hamás y Fatah de alcanzar un ‘acuerdo de reconciliación’.

Hamás

Sin embargo, la brutal agresión militar de Israel ha fortalecido a Hamás (considerada incluso por sus mayores críticos en Gaza como la única línea de resistencia frente a la carnicería de las ‘Fuerzas de Defensa de Israel’) y puso de nuevo en el centro de la escena mundial los derechos de los palestinos.

En los últimos meses Hamás inició conversaciones con el presidente de la Autoridad Palestina, Abbas, desde una posición de debilitamiento. Ha perdido como aliados a Siria e Irán después de su rechazo a dar apoyo a Al-Assad en el conflicto contra los rebeldes en su país.

Hamás también se enfrenta a la hostilidad del régimen egipcio, que derrocó de forma sangrienta el anterior gobierno de los Hermanos Musulmanes, un aliado cercano de Hamás. Esto dio como resultado que la ‘economía del túnel subterráneo’ entre Egipto y Gaza fue sistemáticamente desmantelada por Egipto, y Hamás se vio incapaz de pagar los salarios de los funcionarios gubernamentales.

Estos acontecimientos, junto con el gobierno autoritario de Hamás y su incapacidad de acabar con la pobreza y la opresión de las masas palestinas, han llevado a una caída profunda de su apoyo en Gaza. Los críticos de Hamás, comprensiblemente, enmudecieron cuando comenzó la última carnicería del ejército israelí.

El pueblo de Gaza, por supuesto, tiene el derecho a defenderse, pero el lanzamiento de cohetes desde Gaza desde el 6 de julio refleja la desesperación de los palestinos en la Franja, porque no disuaden al régimen israelí, que gozan de una aplastante superioridad militar. Pero además los ataques con cohetes indiscriminados sobre civiles israelíes, lanzados por grupos que no son contralados políticamente, son contraproducentes. Causan un terror generalizado en las comunidades israelíes que es explotado por su gobierno de derechas para desplegar aún más represión contra los palestinos.

Los intereses y objetivos de Israel y sus patrocinadores imperialistas occidentales no siempre coinciden. A los poderes occidentales les gustaría ver un acuerdo a largo plazo entre los líderes palestinos e israelíes que conduzca a “dos estados para dos pueblos”, en palabras de John Kerry. Bajo la vigilancia del imperialismo, esto no significaría la liberación palestina, sino una pequeña parte de Palestina formada de alguna manera como estado y con una élite dirigente dócil.

Los poderes occidentales esperan que esto conduzca a una mayor estabilidad en la región y la salvaguarda de sus propios intereses. Las corruptas y despóticas élites gobernantes de los estados árabes, a pesar de su pose como defensores de los derechos palestinos, también temen el establecimiento de una Palestina independiente porque temen desarrollos radicales allí que puedan provocar el principio del final de su dominio.

Después de que tanto EEUU como la Unión Europea indicaran que estaban dispuestas a negociar con un nuevo régimen de Hamás y Fatah, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, bajo la presión de sus ministros más a la derecha y el poderoso movimiento de los colonos, subieron la apuesta. La desaparición de 3 estudiantes israelíes el 12 de junio en Cisjordania fue usado como una justificación para empezar las operaciones militares contra Gaza e incrementar el miedo de los israelíes al “terrorismo de cohetes”, y más tarde al “terrorismo de túneles” de Hamás. Pero el principal objetivo del régimen israelí era aterrorizar a la población de Gaza y romper la resistencia palestina.

Incluso si el ejército israelí hubiera eliminado a Hamás, aparecerían otros grupos armados palestinos, posiblemente más feroces como el Estado Islámico.

Acumulación de tensiones

Netanyahu dice que el conflicto actual confirma su argumento de la necesidad de ‘controles de seguridad’ en Cisjordania. Esto implica consolidar la ocupación y acabar con cualquier esperanza palestina de una solución con dos estados.

Pero esta política solamente afianzaría las divisiones y acumularía incluso mayores tensiones y posibilidad de conflictos. La población palestina está creciendo en Israel y en los territorios palestinos, amenazando con convertirse en la mayoría. La élite israelí podría enfrentarse a levantamientos tanto en Cisjordania como en el propio Israel, donde la demografía va en su contra. La extrema derecha israelí intentará contrarrestar este proceso con nuevos desplazamientos forzosos de la población o desmantelamiento de los derechos de los palestinos que viven en Israel.

Los socialistas apoyan el derecho de autodeterminación de los palestinos y demandan la expulsión del imperialismo de la región. Pero, ¿qué fuerza puede conseguirlo? Es esencial que las masas palestinas luchen, bajo su propio control democrático, por una verdadera liberación nacional.

La agenda de derechas y pro-mercado de los actuales partidos dirigentes puede ser desafiada, y las ideas socialistas pueden empezar a echar raíces, construyendo movimientos y partidos independientes de masas en la región. Una Palestina socialista y un Israel socialista, como parte de una confederación socialista de Oriente Medio, sentarían las bases de un futuro libre de guerras, terror y pobreza.

Este es el programa por el que “Socialist Struggle Movement” (Movimiento de Lucha Socialista, CIT), lucha valientemente en Israel y Palestina.

Committee for a workers' International publications

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