Italia: ?Democrazia reale adesso?

 Verdadera Democracia Ahora

Roma, Turín, Nápoles, Milán, Reggio Emilia, Padua, Palermo, Brescia, Trieste, Venecia, Cagliari, Viareggio, Pavía, Florencia, Sassari, Verona, Lecce, Bolonia, Pisa – esta es una lista aproximada de las grandes ciudades donde el movimiento  "revolución italiana" (Italian Revolution) – "Verdadera Democracia Ahora" – esta organizando y coordinando  reuniones públicas en la actualidad.

El movimiento que se inició en España, en pocos días, ya  dio la vuelta en Europa. El espléndido ejemplo que los jóvenes y  trabajadores españoles nos está dando en estos días, está llevando a muchos jóvenes a ocupar pacíficamente las calles de Italia.

Este es un movimiento que nació de forma espontánea y que ha estado organizando reuniones públicas en general, en decenas de ciudades por semana. Se trata de un movimiento no-partido, pero no apolítico. El manifiesto nacional del grupo italiano explica: "El movimiento es un movimiento de ciudadanos que quieren luchar contra la clase política y demanda una nueva sociedad que de prioridad a la vida por encima de los intereses económicos y políticos".

El nombre del movimiento italiano – "revolución italiana" – refleja una voluntad real por un cambio radical, y el hecho de que toda una capa de jóvenes italianos se ha inspirado en la oleada revolucionaria en el norte de África y Oriente Medio. "Berlusconi, el juego ha terminado", se lee en un letrero en la Piazza del Duomo en Milán, una referencia directa a la misma consigna que apuntaba a Ben Alí en Túnez, hace unos meses.

Uno de los aspectos más interesantes de este movimiento es en relación con el carácter de la juventud, en general, de esta protesta; hay muchos jóvenes que se acercan a la política y la lucha por primera vez y gracias a estas reuniones.

Las asambleas que discuten temas específicos – como la inseguridad en el empleo, la ecología o la educación – deben servir para profundizar en el análisis del movimiento, para afinar los puntos del programa y las demandas, y elaborar un método para vincular su movimiento con toda la clase trabajadora. El movimiento tiene que luchar por la abolición de todas las leyes que crean inseguridad en el empleo, por un salario mínimo y una pensión digna para más del 50% de los pensionados italianos que se ven obligados a vivir con menos de € 500 euros al mes, etc.

La gran participación de los jóvenes en este movimiento y su entusiasmo son una clara indicación del deseo de lucha y de acción que existe hoy entre la juventud. El deseo de organizarse y luchar contra la crisis en la economía, en contra de los políticos y los grandes negocios, y en contra de la dominación de los bancos y la industria que continua haciendo que la gente común pague por las consecuencias de la crisis de su sistema.

Al mismo tiempo, es comprensible que muchos jóvenes tengan muchas esperanzas, ilusiones e ideas a veces ingenuas de lo que es necesario para que el movimiento avance. En Italia esto es indicativo del enorme vacío político que existe hoy en día en la izquierda, y de la desorientación provocada por el fracaso de los dirigentes actuales en proponer una alternativa socialista viable al actual sistema. Un resultado es que los manifestantes no tienen necesariamente una perspectiva desarrollada de lo que una revolución debe hacer y de qué sectores de la sociedad deben buscar para movilizar.

La ausencia de un punto fuerte de coordinación que pueda organizar a la gente joven desde luego, no borra su deseo de luchar. Pero, al final, si no se desarrolla, la debilidad política y organizativa podría afectar la capacidad de este movimiento para ir más lejos; resultando en que la ira contra el sistema quede "dispersada en el aire".

Dentro de los límites de nuestra capacidad, los compañeros de Controcorrente (CIT en Italia) son sistemáticamente activos en este movimiento, tratando de guiar la indignación contra los políticos en una organización real de resistencia contra los recortes y las políticas de austeridad que el capitalismo nos impone.

Por desgracia, a veces es difícil, en las reuniones periódicas que se llevan a cabo, el llegar a un común denominador político sobre las cuestiones sociales más importantes. Controcorrente ha tratado de explicar que una verdadera democracia, que es lo que los participantes en el movimiento tienen por objetivo, podría tener  su verdadero sentido sólo si la mayoría de la sociedad tiene un control real y decide sobre cómo el país debe funcionar: la nacionalización de los bancos y las grandes industrias, bajo el control y la gestión de representantes democráticamente elegidos de la clase trabajadora y la juventud, daría a esta idea un significado concreto.

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